La reciente publicación desde BOYDEN GLOBAL de nuestro Executive Survey 2023 arroja datos y visión sobre 5 tendencias que afectan a las organizaciones en materia de TALENTO; dentro de los llamados “Riesgos internos de las organizaciones” he querido subrayar uno que considero un mal endémico en nuestro mercado: EL PLAN DE SUCESIÓN, o mejor dicho, su ausencia.
Lo que debería ser una de las principales preocupaciones de cualquier compañía u organización (con un mínimo nivel de profesionalización o madurez en sus políticas de HR) no parece estar en la agenda o en la hoja de ruta de un gran número de multinacionales presentes en nuestro país.
En las compañías, como en todo tipo de colectivos (incluyendo las familias), e incidiendo más aún en las empresas familiares (con unos Protocolos claramente definidos, pero con un 50% de los ejecutivos ostentando el control directo que admiten no disponer de un Plan de Sucesión) encontramos figuras senior de difícil reemplazo, ya sea por su experiencia, por su acreditada solvencia técnica, por la “gravitas” o influencia de su estilo de gestión y decisiones, o por la conexión emocional que mantiene con la mayor parte de la compañía.
Si a la dificultad inherente de encontrar el talento adecuado para las compañías (y el momento de la misma), sumamos una cultura de compañía que se transmite, que se resiste o directamente se opone a dejar paso al relevo generacional el problema está servido; a menudo se confunde el mal llamado “espíritu de pertenencia” o la “vocación de permanencia”, con un apego indisimulado de ciertos profesionales senior por perpetuarse ad eternum en lo que ya consideran “su casa”.
Sin embargo, la necesidad de contar con una visión de “Business Continuity”, a través de un Plan de Sucesión cuidadosamente diseñado para asegurar el futuro, más allá de cubrir una contingencia (*Pandemia) sí que es contemplada por la mayoría de CHRO o Directores de Recursos Humanos/Talento/People pertenecientes a sectores altamente competitivos, donde la gestión del Talento está orientada a asegurar e invertir en la transición (formación, desarrollo y comunicación) del liderazgo y la sucesión del mismo.